Carta a un sobrino que vive en mis sueños

 ¡Hola mundo! ✌

¡Ha vuelto la hija pródiga! ...no sé qué significa, pero sonaba impactante en mi cabeza para anunciar mi regreso. Hace casi ya dos años de ausencia, ¿por qué? no lo sé, bloqueo del escritor tal vez, asuntos de la vida qué atender, crecer en contra de mi voluntad, madurar y pasar por cosas que no tenía previstas para esta vida.

Les cuento que llevo ya tres años participando en un concurso de cartas, demasiado reñido porque ninguno de los años en los que he participado he pasado si quiera entre los finalistas, acepto que deben de haber muchísimas cartas mejores que las mías, han sido distintos temas los que he tocado en cada una de ellas, y particularmente en este año escribí una muy personal, demasiado, porque son temas que no se tocan en casa pero que en mi cabeza y en mi corazón si están presentes y duelen, duelen tanto que puedo pasar noches derramando lágrimas antes de dormir o quedarme dormida mientras el llanto, la nostalgia y la melancolía me invaden y simplemente me vence el sueño. Esta carta habla por si sola y quisiera que quedara en este espacio de una manera muy especial. Por el título del post sabrán de lo que se trata.



Querido sobrino mío: 💙

Te escribo desde el rincón más silencioso de mi corazón, ese donde guardo los nombres que nunca pude pronunciar en voz alta. No sé cómo te llamarías. A veces pienso que tendrías los ojos grandes como tu padre mi único hermano, las pestañas largas y sus hoyuelos en las mejillas, y esa risa contagiosa que hacía temblar las paredes de la casa cuando éramos niños. Otras veces imagino que serías más callado, observador, con esa ternura que él escondía detrás de su carácter fuerte.

Nunca exististe, y sin embargo te extraño.

Tu padre se fue demasiado pronto, antes de que la vida pudiera regalarle la dicha de tenerte en brazos. Se fue llevándose consigo una parte de mi historia, de mi infancia, de mi corazón. Y en el silencio que dejó su ausencia, también se apagó la posibilidad de ti.

Pero déjame confesarte algo: en mi imaginación creciste.

Te vi correr por el patio de la casa de los abuelos, tropezando con las mismas piedras que él y yo pisamos mil veces. Te escuché preguntar por las fotos antiguas, por qué tu papá estaba siempre con unas baquetas en las manos, bailando o con un grupo musical a su alrededor. Te imaginé llamándome “tía” por primera vez, con esa naturalidad que habría curado tantas heridas.

Hubiera querido enseñarte quién fue tu padre. Contarte que de niño me molestaba mucho por ser la hermana menor, aunque jamás lo admitía. Que sabía silbar como nadie. Que tenía una forma muy particular de querer: silenciosa, firme, eterna.

Te habría contado nuestras travesuras, nuestras peleas por tonterías, los sueños que compartíamos cuando pensábamos que el mundo era infinito. Te habría mostrado el pilar donde grabó sus iniciales, convencidos de que ese sería para siempre su hogar.

Y, tal vez, al mirarte, habría encontrado en tus gestos la continuidad de su existencia.

No te conocí, pero te quise. Te quise como se quiere a lo que pudo ser y no fue. Como se quiere a una estrella fugaz que apenas se intuye antes de desaparecer. Porque aunque la vida no te trajo a este mundo, tu posibilidad llenó muchos de mis pensamientos en noches largas, en cumpleaños silenciosos, en fechas que dolían.

A veces me pregunto si, en algún rincón del universo, las almas que no nacen también tienen memoria. Si sabrás que aquí, en esta tierra, hubo una tía que guardó un espacio para ti en la mesa, en el corazón y en las historias familiares.

Si existieras, te diría que fueras valiente. Que honraras el nombre de tu padre no con tristeza, sino con alegría. Que amaras intensamente, como él sabía hacerlo. Que abrazaras fuerte, que rieras sin miedo, que defendieras a los tuyos.

Y aunque nunca camines por estas calles, aunque nunca escuche tu voz, quiero que sepas que fuiste un sueño hermoso. Un puente invisible entre mi hermano y yo. Una esperanza que, aun en su ausencia, me enseñó cuánto amor soy capaz de sentir.

Con todo el cariño que cabe en lo que no fue,

Tu tía Mara.


Y sí amigos, mi único hermano se fue sin antes darme un sobrino, y los tengo, pero no de la línea directa que te da un hermano de sangre, ese que puedes hacer y deshacer con él, que es como tuyo aunque no haya nacido de ti. Esta fue la carta más personal que escribí y no pasé en el concurso, cosa que no me impedirá seguir intentando, tal vez en alguna otra ocasión sí llegue al nivel de excelencia que se requiere.

Gracias por leerme.











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